ECOLOGÍA Y FEMINISMO EN EUSKADI
por Iñaki Gil de San Vicente. Ponencia para el debate organizado por EGUZKI sobre Movimientos sociales, Feminismo y EcologÍa en la primavera de 1991.
La experiencia vasca posee peculiaridades causadas por el proceso
de surgimiento de la crisis ecológica y de aparición
de la conciencia feminista. No se puede olvidar la permanente
existencia de una ocupación militar del Estado español
en Euskadi sur, así como de la represión durante
años y, por último, una larga y feroz dictadura
de casi medio siglo a la que sigue un período constitucional
cargado de conflictos y prohibiciones de derechos fundamentales.
Todo ello unido a la forma de expansión del capitalismo
explica la situación actual, incomprensible al margen de
la opresión nacional.
La conciencia y los movimientos ecologistas aparecen bajo el franquismo
y con anterioridad al feminismo, si bien con nombre no abiertamente
ecologista. En los barrios, en los sindicatos clandestinos, etc,
bajo el franquismo, existen luchas que hoy entran normalmente
dentro de la ecología. Incluso en un sector del aranismo
está presente una reivindicación de la tierra que
pese a su expresión romántica tiene valores ciertos
por cuanto pretende resistir a los efectos del expansionismo capitalista.
Desde múltiples problemas angustiosos confluyen lentamente
las inquietudes medioambientales. La lucha contra Lemoiz centraliza
ese proceso. Una vez paralizada esta central nuclear, aunque no
demolida, el ecologismo tiende a abarcar más campos de
acción. Desde sus mismos inicios se enfrenta primero al
franquismo, después a la denominada "transición",
luego a la "reforma" y ahora al ordenamiento constitucional-autonomista
existente. Los intentos de las instituciones por integrar y/o
desactivar las crecientes reivindicaciones fracasan una y otra
vez.
Son muchos los problemas del ecologismo vasco: 1) carencia de
medios y de preparación adecuada. 2) escasa coordinación
y mucha dispersión. 3) boicot y cerco sistemático
por el poder e intento de criminalización. 4) desbordamiento
por la enorme crisis ecológica. 5) poca relación
operativa con sindicatos, colectivos y entidades vecinales, etc.
Mas pese a lo anterior, el ecologismo vasco dispone de una fuerza
movilizadora notoria en los momentos determinantes lo que demuestra
la existencia de niveles altos de conciencia popular al respecto.
La conciencia y las organizaciones feministas son más tardías que las ecologistas. Su grueso fundamental aparece a mediados y finales de los años setenta, dentro del ascenso general de las luchas antifranquistas. Las diversas organizaciones de mujeres como el Emakume Abertzale Batza, Mujeres Libertarias, etc, que actuaron antes y durante la guerra civil, o de los grupos femeninos de ayuda a los presos en el franquismo, no pueden ser definidas como feministas ya que no existían ni las reivindicaciones actuales ni las teorías de hoy. Es a mediados de los ochenta, simultáneamente a la entrada en crisis de toda la corriente revolucionaria antifranquista que estaba fuera de los postulados del MLNV, cuando las asambleas y organizaciones feministas vascas empiezan a decaer. Su auge y esplendor fue unido al de toda una corriente crítica que, empero, no terminó de asimilar la importancia clave del hecho nacional vasco pese a que formalmente defendiesen el derecho de autodeterminación.
Por parte del MLNV el surgimiento de un feminismo abertzale fue
lento por diversas razones. Pero hay que reconocer que ya desde
su inicial formulación teórico-organizativa un poco
seria aparecía recogida la necesidad de una organización
específica de mujeres. El camino recorrido desde entonces
es un ejemplo del proceso de enriquecimiento y asentamiento del
MLNV.
Sin embargo, la experiencia cotidiana vasca, en sus luchas y movilizaciones, demuestra la presencia nada despreciable de un gran número de mujeres en todas las facetas de acción. Se debe reconocer que la función de la mujer ha sido decisiva no sólo en el presente sino también durante los años del franquismo. La actividad de la mujer ha dado a la casi totalidad de actos y formas de lucha un sentido preciso, que si bien no se ha concretado muchas veces en una independencia organizativa y en una precisión de sus postulados, sí ha impedido que pasara desapercibida. Ahora bien, tampoco ha logrado que los medios organizativos expresasen y potenciasen dicha presencia real.
La misma existencia de Herri Batasuna, de Gestoras, de AEK, por
citar contados casos, sería imposible sin la participación
de la mujer. Y en el caso que nos concierne, el ecologismo y sus
relaciones con el feminismo se debe decir otro tanto.
Las debilidades actuales del feminismo vasco, que en cierta forma
tienen relación con la del ecologismo, son: 1) lentitud
para superar el bache de la segunda mitad de los ochenta. 2) escaso
estudio de los cambios sociológicos que afectan a la mujer
como consecuencia de la profunda crisis. 3) dificultades para
combatir el machismo vasco sutil y resistente. 4) débil
organización y también poca relación con
otros colectivos y problemáticas tanto a nivel nacional
como internacional. 5) atraso teórico.
No debemos pasar por alto uno de los aspectos más importantes
y menos analizados: el tema de la violencia y de su práctica
por la mujer. Hemos de partir de cuatro hechos: 1) se trata de
uno de los debates clásicos dentro del feminismo ya que
existen posturas enfrentadas, desde las que sostienen que la mujer
es en sí misma pacífica por cuanto es portadora
de vida, y la que afirma que la mujer puede y debe practicar la
violencia y de hecho siempre ha practicado diversos niveles de
ella. 2) la historia vasca de lucha y resistencia en la que la
mujer ha intervenido durante años en huelgas y actos,
en piquetes, con formas de resistencia que llevan componentes
de violencia, etc. 3) la concreción de lo anterior en la
experiencia de las organizaciones armadas, en las que ha participado
la mujer, y la existencia de un colectivo grande de mujeres prisioneras
políticas de los Estados español y francés
y, último, 4) la intervención de la violencia dentro
de la lucha ecológica con diferentes escalas de aplicación,
desde el ecosabotaje y el boicot hasta la lucha armada pasando
por otros métodos y con la actividad de la mujer.
Esta tremenda experiencia social es soslayada en la mayoría
de los debates feministas, reduciéndose a simples afirmaciones
y conjeturas sin contrastación práctica real. El
hecho es que no se puede pretender dar razón de la problemática
ecofeminista en Euskal Herria sin abordar el crudo problema de
la violencia opresiva y de la consiguiente violencia defensiva.
Se mire por donde se mire el problema ecofeminista nos encontraremos
con los siguientes puntos:
Nos hemos limitado a presentar el problema. Esperemos que más
adelante se pueda abrir un debate al respecto ya que se trata
de una realidad que no sólo afecta a Euskal Herria sino
a la totalidad de procesos de emancipoación global que
existen.
El ecofeminismo haría un flaco favor a la Humanidad si
continuase ignorando una situación bastante generalizada
y que requiere una investigación radical. Se corre el riesgo
de cerrar los ojos a prácticas comunes que reflejan problemas
estructurales, debido a la sobrestimación de postulados
ideológicos reducidos a sectores eurocéntricos,
intelectuales y acomodados. Nadie niega sus aportaciones pero
tal vez sea llegado el momento de ir más allá, de
extender y profundizar a la totalidad social, de sus contradicciones
y focos de resistencia, esos métodos y reivindicaciones
sustantivas.
Se trata de dilucidar si las necesidades-radicales, a las que
tanto aporta el ecofeminismo, son:
segundo, qué dialéctica fines/medios se
establece para su satisfacción y,
tercero, cómo se incardina todo ello en el proceso urgente y necesario de elaborar a escala planetaria una concepción alternativa al irracionalismo dominante.